El triple 17 de Leo Messi.

Llegó el 17 de septiembre de hace 17 años y se entrenó durante dos semanas con el infantil B

El 2 de octubre le vio, al fin, Rexach, que estaba en Sydney. No dudó ni un minuto en dar el OK a su fichaje

El pequeño Messi, poco después de llegar a Barcelona, en el Mini | FAMILIA MESSI


Tres 17 han confluido en la maravillosa historia de Messi en el Barça. La fecha de su llegada a Barcelona, los años que lleva entre nosotros y el de este 2017.

Tras un agotador viaje Leo Messi aterrizó por vez primera en Barcelona el 17 de septiembre de 2000.  Acompañado de su padre Jorge y del agente futbolístico Fabián Soldini voló desde su Rosario natal a Buenos Aires -apenas una hora de trayecto- y desde el aeropuerto internacional de Ezeiza a la Ciudad Condal.
Fue, por cierto, un vuelo lleno de turbulencias; el avión se movió más de la cuenta aunque, por fortuna, el pequeño Leo, que había cumplido 13 años un par de meses atrás, se lo pasó durmiendo. En el aeropuerto del Prat no les esperaba ningún representante del club y se dirigieron en taxi, con todas sus maletas, al despacho de Josep Maria Minguella.

El empresario les dijo que por la tarde, a las seis, se había programado su primer entrenamiento con el Barça. Antes se dirigieron, lógicamente, por el Hotel Plaza, donde el club había les había reservado las habitaciones. Allí quedaría inmortalizada la primera foto en Barcelona del futuro crack, con la Plaça Espanya en primer plano y las torres venecianas y Montjuïc al fondo.
Tras descansar fueron en metro a las instalaciones del club, donde les recibió Joaquim Rifé. El veterano técnico les indició que quien debía tomar la decisión final sobre si Leo se quedaba en el Barça o no era Carles Rexach, que se encontraba en Sydney, asistiendo a los Juegos Olímpicos. Dado que España -con los barcelonistas Puyol, Gabri y Xavi- iba superando eliminatorias, su regreso no se produjo hasta el 2 de octubre.

Durante dos semanas Leo estuvo entrenándose, en los campos adyacentes al Miniestadi con el Infantil B, que dirigía Xavi Llorens y conociendo, poco a poco, el club. El día siguiente de su llegada, por ejemplo, se dio una vuelta, con su padre y Fabián por el interior del Mini y el sábado 23 asistió con ellos, en el Camp Nou, al partido de Liga entre el Barça y el Racing de Santander, que ganaron los blaugrana por 3-1, con dos goles de Patrick Kluivert y otro de Marc Overmars. 
Un buen número de técnicos de la casa le vieron en acción aquellos días y comenzaron alucinar con aquel niño de 13 años que destacaba por su  extraordinaria clase pero también por su minúscula envergadura. Medía sólo 1,48 y era muy flaco. Y además se mostraba extremadamente tímido. 


Y llegó por fin Charly. Se programó un partidillo con jugadores cadetes y juveniles, dos o tres años mayores que él, en el campo  número 3 del Miniestadi. Sentados en el banquillo estaban nada menos que Rifé, Asensi y Migueli. Rexach llegó un poco tarde. Y presenciaron toda una exhibición de ‘la Pulga’, con gol ‘a lo Maradona’ incluido. 
A los pocos minutos de verle ya no tenían dudas. “Hay que ficharlo ya. Nos arrepentiremos toda la vida si no lo hacemos”, exclamó el de Pedralbes. Y ahí empezó, aunque todavía se vivirían algunos desencuentros y vicisitudes, la historia blaugrana del mejor jugador de todos los tiempos.